La cultura del Divertinaje


Todos los días simplemente vemos quejas, noticias y todo tipo de publicaciones en redes sociales sobre el abuso que le estamos propinando cada día a la sociedad misma. Al parecer nadie es consciente de la RESPONSABILIDAD que tiene en su grupo, familia, local, nacional y mundial. Se nos ha enseñado, y cada generación con más ahínco, a temerle al sufrimiento, a justificar el libertinaje y a motivar la diversión permanente. Con cada generación, valores como el respeto, la honestidad, la lealtad, el esfuerzo, la responsabilidad y la disciplina, fueron desapareciendo; en algunos casos por descuido, en otros por el reemplazo mental de ideología, a la –Cultura del divertinaje-.

Entonces, desde los 80 se empezaron a justificar comportamientos que antes eran rechazados por la sociedad. Con el derecho al voto femenino, la igualdad de derechos para homosexuales, la libertad de culto y la jornada laboral de 8 horas, se colaron también, actitudes que no representaban la equidad, ni la justicia, sino el ambicioso deseo de algunos, de que sus maneras de actuar, fueran también, socialmente aceptadas. La línea de tolerancia se fue corriendo hacia atrás y le hemos dado paso a una cultura de desinterés casi absoluto por el entorno.

No quiero decir que estoy de acuerdo con vetar o prohibir los derechos de nadie. Pero tenemos que marcar un “hasta donde” se puede llegar EN SOCIEDAD. No a nivel país, o ciudad; sino a nivel mundial, porque para bien o para mal, estamos compartiendo el mismo espacio y lo que ocurra en un país o en una ciudad en términos sociales o naturales, no afecta sólo a ese país o ciudad; nos afecta a todos. Nos enseñaron a creer en un modelo político y gerárquico que “sabe lo que hace” y toma las decisiones por la mayoría. Pero lo que hemos visto y comprobado, es que los dirigentes, ídolos o religiosos, no han dejado de ser humanos y en la mayoría de los casos, se convierten en unos de los peores. La avaricia, el egocentrismo, la ambición, los corroe y terminan pasando de un ideal humano, a un agente más de exterminio y destrucción (muchos llegan así al poder).

Pero la solución no es tomar la “justicia” por nuestras manos, o ignorar la “autoridad” que nosotros mismos nos hemos encargado de instituir, sino saber escoger líderes, sabiendo que son humanos, que se van a equivocar, y que por esa razón necesita de apoyo e ideas; no de juicios y señalamientos. Necesitamos aprender a escoger dirigentes, en todas las áreas de influencia, que sean humildes y dispuestos a hacer un cambio, siendo la cabeza, tomando las decisiones, pero escuchando y atendiendo las necesidades de sus seguidores.

Ahora bien, uno pensaría en políticos y altos mandos religiosos, talvez en algún “influencer” de la farándula. Pero qué hay de los primeros influenciadores que tenemos en nuestras vidas? Qué responsabilidad asumen los padres en medio de una sociedad que cada vez corre más rápido, pero sin una meta clara? Ahí es donde todo comienza y nosotros como padres, debemos empezar a empoderarnos del papel tan definitivo y drástico que jugamos en la vida, no sólo de nuestros hijos y su entorno, sino del mundo entero. Pensemos un momento en Hitler, por mencionar a alguien. Todos o la mayoría, juzgamos su accionar que fue deplorable. Señalamos sus acciones perversas, enfermas, desquiciadas… pero ese Hitler, también fue niño, y tuvo unos padres. También fue a un colegio y se enfrentó a compañeritos amables, agresivos, indiferentes, etc. Tuvo familia y exposición al ambiente, igual de cualquiera. Entonces, cómo se sentiría usted si fuera la mamá o el papá del próximo Hitler? Pasa por su mente la posibilidad de que el descuido, la indiferencia, el estrés, el exceso de trabajo, el salón de belleza, sus amigas o la parranda, sean el detonante para que su hijo se vuelva un peligro para la sociedad? Y de paso para él mismo, porque quien agrede su entorno, nunca termina bien.

Ahora vamos a la explicación del porqué esto tiene que ver con mercadeo.

Sabemos que lo primero y más importante, incluso que el producto o servicio a ofrecer, es el público objetivo; ese grupo de gente que va a comprarle y que llenará de dinero sus bolsillos.

Bien. El “divertinaje” como le apodado a esta actitud, a falta de una palabra que la defina, hace que cada vez más, hayan compradores por impulso; personas con una gran necesidad de aceptación y de inclusión a la sociedad. A falta de padres que motiven, que amen, que guíen; las redes sociales se han vuelto un pañito de agua tibia muy placentero en la vida actual. A falta de empresas responsables que ejecuten campañas publicitarias motivadoras y persuasivas, desde las ventajas de su producto o servicio; la publicidad se viene aprovechando de los instintos, la moda, el consumismo y ha alimentado la cultura del divertinaje, con justificaciones absurdas, insulsas, con tal de vender.

Estos líderes de comunicación, desde periodistas, hasta diseñadores gráficos, hemos perdido el camino, el cual partía del “enamoramiento del cliente” y nos hemos volcado a “violar su mente” sin importar las consecuencias, pues lo importante al final, como lo ha sido desde el principio de los tiempos; es MI BENEFICIO.

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