El pulpo sólo tiene 8 brazos.


Hasta el más hábil de los jefes, tiene vida personal, tiene memoria limitada y capacidades limitadas. A veces, quisiéramos serlo y hacerlo todo en nuestra empresa, porque creemos (o sabemos) que nadie puede hacer las cosas igual que nosotros o del modo que nos gusta; pero sorpresa... no siempre nuestro modo, es el mejor.


Este, es un error muy común en emprendedores. Cuando se inicia un negocio, cada centavo es para nosotros una millonada y queremos cuidarlo, y estirarlo hasta el infinito. Por eso, se nos hace tan difícil confiar en el trabajo de los demás, en su honradez, en su honestidad y en su compromiso con nuestra marca.


No obstante, hasta el pulpo, aunque quisiera abrazar un barco o tomar diez presas al mismo tiempo; No Puede. No podemos. A la larga, este comportamiento no sólo afecta nuestra salud mental y física, sino que afecta la operación del negocio, porque ralentiza todos los procesos y los vuelve más protocolarios que una gestión gubernamental. A querer tener el control sobre cada mínima cosa que pase por nuestra empresa se le dice “microgerenciar” y pueden buscar miles de referencias en internet, sobre los problemas que acarrea.


No es que se aconseje abandonar su empresa y dejarla en manos de desconocidos; por supuesto que no. Pero tampoco rayar en el extremo de medir con SU regla, cada movimiento milimétrico. Pasa, que aunque fuéramos clones de Einstein, aún así, habrían cosas que desconocemos, y por eso, se contrata a gente que sabe más que nosotros sobre un tema X. Lo que debe hacer como jefe, gerente o empresario, es estudiar relativamente bien sobre cada cosa que necesite en su negocio (contabilidad, operaciones, gestión, administración, publicidad, etc) y utilizarlas para evaluar el trabajo de sus colaboradores.

Supervisar no es lo mismo que mandar.

Si va a estar encima de sus colaboradores evaluando y corrigiendo cada mínimo detalle, va a terminar haciendo el trabajo para el que los contrató; lo cual no tiene ningún sentido.


Decía Steve Jobs: No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.” y es totalmente cierto. ¿No contrata usted a alguien para que le ayude en sus labores y ejecute inteligentemente tareas necesarias de su empresa? ¿Contrataría usted a un cantante para que le lleve la contabilidad? ¿O a un científico para que le lleve la publicidad? ¿No, verdad?. Entonces entienda que la gente que contrata es supremamente valiosa en su empresa y que, como decía anteriormente, debe fijarse más, en a quien contrata, en sus habilidades, capacidades, aptitudes y talentos, que en lo que hace o en cómo lo hace; pues eso se puede aprender. Al final, si yo como publicista, comunicadora y músico, voy a decirle a mi contador cómo llevar las cuentas, no tiene sentido que lo contrate.


Recordemos, que al igual que uno necesita un personal para X actividad, esa persona también necesita del empleo, y según el tipo de persona, hará lo que pueda para conservarlo. Entonces, el problema puede no ser de la persona que contratamos, sino de uno como reclutador, que deja de ver ciertos comportamientos en el aspirante. Y en uno como jefe, que ya con el personal contratado, no sabe cómo liderarlo y empoderarlo de sus responsabilidades; y se limita sólo a mandarlo y a microgerenciar sus acciones.

Hay que confiar en la gente.

Pues sí, no modo. Es cierto que hay de todo, ladrones, indisciplinados, mentirosos, estafadores, perezosos, irresponsables, impuntutales, farsantes, sin palabra, deshonestos, gente que se le mueren familiares cada mes, gente con la peor suerte del mundo que siempre tiene una excusa, gente que no respeta autoridad y la lista sigue… Pero hay que confiar en la gente. Necesitamos de la gente en nuestra empresa, contratamos gente porque no lo podemos hacer todo y de la misma manera que en una familia hay diferencias a pesar de ser criados de la misma forma y de llevar la misma sangre, con mayor razón en un trabajo, donde cada quien esta por su beneficio y por más compromiso que se tenga con la empresa, cada quien tira para su lado.


Así que de nuevo, el responsable es uno como empresario, como jefe, como líder. Llevar un grupo por un mismo camino no es fácil, pues cada quien viene con experiencias, patrones de conducta, comportamientos, manejo de emociones y valores muy diferentes. Por ello, (de nuevo) cuando vaya a reclutar su personal fíjese bien en todo lo que compete más allá de sus habilidades en el empleo para el que lo requiere. Fíjese en la coherencia de sus respuestas, su seguridad, sus referencias… Fíjese bien, porque después, tendrá que confiar en Su Criterio y dejar a su colaborador, hacer su trabajo. Obviamente, hay que supervisar, "darle la vuelta" para ver como marcha todo, pero no hacer el trabajo por él; pues en el momento que lo hace, ya sabrá que esa persona no le sirve a usted y que usted sin duda hará miserable la vida de ese colaborador.


Hay que delegar; supervisando, pero confiando. No hay otra forma. En la medida en la que uno sepa medir los resultados del trabajo del colaborador, sin necesidad de uno estar encima; la calidad del ambiente laboral mejora. Cada quien debe ser consciente de sus responsabilidades y de sus límites, incluso, el mismo dueño de empresa.


Si no aprende a delegar, a liderar y enseñar a su personal para poder confiar en el mismo, a supervisar sin dominar; renuncie a su vida personal, a su salud, a su familia y a su paz. Y recuerde, que si bien es cierto que nadie cuidará su dinero como usted, el dinero no se lo lleva uno a la tumba.




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